martes, 25 de septiembre de 2007

de pequeña


(perdón que la foto sea borrosa).
mis padres eran mis ídolos, no podía sino soñar con el día en que pudiese ser como ellos.
poder leer los mil libros que mi papá ya había leído para esa época, poder pararme en un auditorio y hablar como lo hacía mi mamá.
pero repito, eso, fue de pequeña.
épocas en las que mis padres no me parecían seres humanos, pues en mi mente, tanta inteligencia debía ser de otro planeta.
Aprendí a leer con mi papá, aún tengo su primer regalo, aquel libro de poesía de Vicente Gerbasi, yo quería saber tanto como él, mi papá sabía de física, teología, filosofía, medicina, derecho, es una de esas personas que simplemente saben de todo.
mi padre me llevaba a los museos en caracas, a ver los mimos en la calle y a ver películas de la cinemateca nacional.
Aún, hasta el día de hoy, me sorprende cuanta información almacena en su cerebro.
Recuerdo ver sus diapositivas, de cosas que parecían flores, y coliflores (mi padre es ginecólogo así que ya sabrán que eran las dichosas flores) y pasarme horas maravillada, recuerdo pedirle que me enseñara a jugar ajedrez (y comprobar con tristeza que su hija era bien mala para el bendito juego) y pedirle que me enseñara más poesías.
Mi madre.... yo quería hablar francés como lo hacía ella, que algún día todos dijesen que yo era aunque sea la mitad de brillante que ella, ser tan perfeccionista, sentir esa clase de pasión por mi trabajo, ser tan capaz como mi madre, ser.... tan íntegra (yeah i know it's ironic).
mi mamá, me hablaba de viajes, de sus idas a londres, parís, new york, barcelona y yo la hacía pasar penas cuando me presentaba ante la gente (muchos no me creen pero yo era sumamente tímida) porque yo me dedicaba a esconderme detrás de ella.
pero de eso... hace ya mucho tiempo.
esas, eran epocas antes de que llegara la realidad y lo arruinara todo.
Tenía 11 años cuando mi mundo básicamente se derrumbó.
mi equivalente personal a la caída de las torres gemelas, el divorcio de mis padres.
no fue tanto el divorcio, sino todo lo que vino después.
mi miedo a perderlo todo, la autoestima que se fue al subsuelo, el resentimiento por la negligencia de aquellos seres a los que tanto idealicé.
mi madre que pasó a obsesionarse con si misma y su trabajo, mi padre, que prefiere sentarse a leer seis horas en vez de hablar 15 minutos conmigo.
tenía 11 años y aquellos ídolos se volvieron unos seres completamente egoístas.
yo, me convertí en la poster child para la palabra depresión, cuando adquirí el miedo irracional a perderlo todo y a quedarme sola.
nada volvió a ser lo mismo, y hace mucho que no idealizo a mis padres.
nunca tendré el coeficiente de mi padre, ni me leeré todos los libros que él ha leido, no fui buena en matemáticas, y no me interesa jugar ajedrez.
no seré tan brillante como mi madre (ni deseo serlo) y la integridad me parece una mierda.
no tengo la voz calmada que tiene ella, y de acuerdo a su criterio tampoco soy demasiado digna.
sin embargo, de vez en cuando se ven en mí, rastros de ellos...
mi manía por analizar todo, mi complejo de enciclopedia ambulante, mi perfeccionismo con los trabajos, y mi felicidad al estar frente a un montón de gente sabiendo que desean oír lo que tengo por decir.
gracias a mi padre leí Shakespeare, Virginia Woolf, Allan Poe, Vargas Llosa, García Márquez, y me pasé horas soñando con el mundo de los libros, aprendí a buscar una palabra en el diccionario todos los días, y tengo una capacidad lectora de 98, 5 sobre 100.
mi mamá.... descubrí mi pasión gracias a ella, al verla hablar, al asistir a una infinidad de conferencias.
pero mis padres, ya no son mis ídolos.
y yo, ya no soy la niña a la que el mundo se le derrumbó.
con el paso del tiempo hay cosas que han dejado de importar..
hoy simplemente amanecí con un millón de recuerdos...

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